lunes, 17 de octubre de 2011

Para...

Encontramos el equilibrio cuando menos lo esperamos.
El equilibrio físico,
el mental,
el trascendental.
Luchamos por cosas que no merecen la pena,
luchamos por gente desagradecida
luchamos por amores que nos matan lentamente
luchamos por causas perdidas,
no, no merecen la pena.
Anotamos fechas como momentos clave,
Románticos,
malos, buenos,
graciosos y desagradables,
a todo le ponemos fecha,
con el fin de recordarlos,
con el fin de no perderlos,
con el fin de reprocharlos.
Marcamos las páginas de los libros
porque somos incapaces de recordar donde lo habíamos quedado,
para no tener que empezar de nuevo,
para avanzar con más desenvoltura.
A todo le ponemos una marca en la vida
para recordar,
para no perdernos,
para avanzar,
para crear,
para ser mejores,
para disfrutar
poco a poco
de los momentos especiales,
y,
de vez en cuando,
poder revivirlos.

*nOe

lunes, 10 de octubre de 2011

Conozco esa sensación

Así se asemejan, los parpadeos de las estrellas, al rumor de las olas, a las miles de metáforas que rondan por mi cabeza para describir la soledad, la paz, la armonía. Cosas que son indescriptibles, pero, sin embargo, pues la simpleza de saber combinar palabras entre sí que formen un solo hijo, fino y que penetra en el alma, como la aguja que cose la seda sin que apenas se note la puntada, pues solo esa cualidad, de formar frases románticas, ornamentadas y cargadas de sin sentidos que la hacen musical, solo esa cualidad pueden ayudarnos a hacer que tus palabras, que son e reflejo de tus sentimientos, pues profundamente se conviertan en el reflejo de los mismos, que esas personas ajenas a tu vida interior, puedan sentir lo mismo que sientes tu al pronunciarlas, y lo sabes por que te dicen, si, ¡conozco esa sensación!
*nOe

miércoles, 5 de octubre de 2011

Estaba acostumbrado a la soledad, se encerraba en su cuarto, y pensaba, pensaba en la pérdida de tiempo que le suponía el pensar en su vida, el pensar en su pasado. Se quitó el disfraz de persona normal, se quitó el disfraz de formal que siempre llevaba. Se deshizo de su fachada, e hizo lo que siempre deseó, viajar, viajar por su mente y encontrar lo que siempre deseó hacer. Pasear por los tejados de la ciudad como aquellos gatos callejeros que maullaban a la luna.

*nOe

miércoles, 24 de agosto de 2011

Galaxia de sueños

Miras hacia el cielo estrellado
de la noche,
las estrellas parpadean,
las fugaces se caen,
desaparecen,
como la galaxia de los sueños
de tu mente.
Miras y te dejas llevar
hacia el infinito
de las noches estrelladas,
hacia los mundos inexplorados de la noche.
Miras y sonríes,
y te invade la pena
por no saber que es todo lo que nos rodea.
Miras
a tu lado,
le coges la mano.
Tienes miedo
a la inmensidad del firmamento.

*nOe

martes, 16 de agosto de 2011

Un caro precio

Se dio cuenta de que no podía más
de que sus manos
ya no soportaban seguir agarrándose
a esa rama de espinas,
se sujetaba,
pero resbalaba,
aguantaba,
firmemente,
amarrada tan solo a esa zarza,
amarrada tan solo a una endeble rama
que se partiría en un momento u otro.
Pero luchaba,
luchaba por su vida,
aunque sabía que la iba a perder.
Estaba en el abismo,
bajo sus pies,
las profundidades de la tierra.
Metros que la separaban de tierra firme
miles de metros.
Pero se mantenía fuertemente amarrada.
Aunque en un momento de delirio,
su cabeza comenzó a volverse loca,
sus sueños de volar
empezaron a llenarle la poca cordura que le quedaba
en la cabeza.
Y meditó,
y pensó,
durante unos segundos, qué más da,
morir ahora, que en unos minutos.
La decisión fue rápida,
decidió soltar su mano,
decidió,
en el ultimo instante de su vida
volar, ser libre,
decidió cumplir su sueño,
aunque este tubo un precio muy caro.

*nOe

martes, 9 de agosto de 2011

Nostalgia inexistente

Y allí estaba yo
mirando al infinito,
sentada en aquel acantilado.
Las olas
rompían en las rocas
como cuando dejas caer un huevo al suelo.
Estallaban en mil pedazos
de espuma.
El sol caía
en picado, desde lo más alto
hasta que buceaba en lo más profundo del mar,
se apagaba esa gran bola de fuego
en ese inmenso mar
para el día siguiente
volver a prenderse, majestuoso en el cielo del día.
Era un sueño,
no recordaba playa
alguna
ni acantilado
ni rocas,
ni siquiera recuerdo que hubiese espuma.